Consejos, recomendaciones, tips, reflexiones, opiniones y artículos relacionados a sexualidad humana. Todo lo debemos saber y seguir conociendo sobre nuestra sexualidad (la de nuestras parejas). Romper mitos y tabúes. Disfrutar de los placeres. Conocer más sobre las relaciones de género. Y todo con una mirada desde la psicologá clínica. Se desea que adolescentes y jóvenes puedan informarse sobre sexualidad con el derecho a que ellos y ellas decidan sobre sus vidas.

Mostrando entradas con la etiqueta Masculinidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Masculinidades. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de mayo de 2008

Foro "Masculinidades y violencia de género:¿Atrapados sin salida?" Compartiendo visiones y experiencias

Viernes 20 y sábado 21 de junio del 2008
Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú
Av. Camino Real 1075 San Isidro - Lima


INTRODUCCIÓN.

La violencia de género no es un problema que solamente compete al ámbito privado. Por el contrario, es la muestra de las inequidades existentes en las relaciones de género en nuestra sociedad. El uso de la violencia es la expresión del poder mediante la fuerza física, verbal, sexual, psicológica, política o económica; afectando de manera negativa la integridad física y/o psicológica en las relaciones interpersonales, o anulando el potencial de realización colectiva si se trata de violencia social o política[1].

Los trabajos e investigaciones de género en tiempos pasados han sido realizados y analizados por mujeres y para intervenciones con mujeres. En los últimos años se busca lograr relaciones igualitarias entre hombres y mujeres. Pese a ello, poco ha sido el trabajo en género y en violencia realizado específicamente con población masculina. Considerando que ser más masculino consiste en tener una serie de cualidades que lo diferencian de lo femenino; ser sexualmente más activo, ser capaz de competir con otros varones, proveer económicamente al hogar y contribuir al bienestar común da prestigio social
[2].

En este contexto, INPPARES y el Comité Interinstitucional del Proyecto MACHO, realizará el foro "Masculinidades y violencia de género: ¿Atrapados sin salida?", el cual busca reunir a diversas personas identificadas e interesadas en temas de género, masculinidades y violencia; para compartir visiones y experiencias; y reflexionar sobre la masculinidad hegemónica como una de las principales causas de la violencia de género.
OBJETIVO GENERAL:
Contribuir a la reflexión sobre masculinidades y violencia en nuestro país, compartiendo visiones y experiencias de campo que permitan promover y fortalecer las iniciativas sobre el tema.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
· Generar debate, reflexión y recojo de experiencias sobre el trabajo en masculinidades y violencia de género
· Motivar la creación de alianzas y redes a nivel interinstitucional, con el fin de trabajar en los diferentes campos de las masculinidades y género, con énfasis en la temática de violencia de género
· Publicar una edición compilatoria de las diferentes exposiciones, participaciones y debates del Foro, con el fin de generar fuentes documentadas para investigaciones en temas de masculinidades y violencia de género.
PÚBLICO OBJETIVO:
Se espera reunir 180 personas que reúnan el siguiente perfil:
Personas que trabajen temas de género, violencia, derechos sexuales y reproductivos
Estudiantes de las ciencias sociales, de la salud y de otras áreas que estén relacionadas al tema de las masculinidades y violencia de género.
Investigadores de las ciencias sociales, de la salud y de otras áreas que estén relacionadas al tema de las masculinidades y violencia de género.
Medios de comunicación en general.

Modalidad de participación: Libre y gratuita, previa inscripción y selección a través de la ficha que se adjunta a este correo. Se recibirán las solicitudes de inscripción hasta el 6 de junio del 2008 al siguiente correo proyecto.macho@gmail.com. Un comité interinstitucional se reunirá para evaluar las solicitudes y comunicar a los participantes su selección

ORGANIZADORES:
Organizadores: Proyecto MACHO - INPPARES
Co-organizan: Comité Técnico Interinstitucional del Proyecto MACHO[3]
Auspicio académico: Escuela de Post Grado de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Auspicia: IPPF / RHO Federación Internacional de Planificación de la Familia
PROGRAMA Y MODALIDAD DEL FORO
Viernes 20 de junio
5:00 pm.m a 8:00 p.m.
Conferencias:
· "Masculinidad y Salud: Estrategias para comprender, atender e involucrar a los hombres en Salud Sexual y Reproductiva - Proyecto MACHO"
· "Experiencias de trabajo y cooperación internacional en masculinidades en la región"
· "Conceptos básicos sobre masculinidades, género y violencia"

Sábado 21 de junio

9:30 a.m. a 12:00 p.m.
Mesas temáticas:
· "Violencia hacia la pareja"
· "Incorporación de una Masculinidad Violenta en Niños, Niñas y Adolescentes víctimas de violencia"

3:00 p.m. a 8:00 p.m.
Mesas temáticas:
· "Expresiones de Violencia entre Hombres: Ejercicio del Poder Masculino"
· "Sexualidad y Violencia: ¿Poder masculino socialmente compartido?"
· "Experiencias con hombres: Abordajes de la violencia desde la salud integral"

Reflexiones Finales:
· "Desafíos para el trabajo en masculinidades y violencia desde los proyectos sociales"
· "Desafíos para el trabajo en masculinidades y violencia desde la academia e investigación"

[1] Miguel Ramos Padilla (2006), Masculinidades y violencia conyugal: Experiencias de vida de hombres de sectores populares de Lima y Cusco. Lima: FASPA/UPCHP
[2] Norma Fuller (2002), Masculinidades Cambios y permanencias. Lima: Fondo Editorial PUCP
[3] Instituciones del Comité Organizador del Foro: Aldeas Infantiles SOS, Proyecto ¡Sí podemos!, Alma Chalaca, AGTR La Casa de Panchita, Amnistía Internacional, Calandria Asociación de Comunicadores Sociales, Centro de Formación Integral, Centro Juvenil Futuro, Instituto Runa de Desarrollo y Estudios de Género, MHOL, Movimiento Manuela Ramos, Programa Clínica del Hombre, PROSA, Universidad Ricardo Palma.
Solicitar ficha de inscripción a proyecto.macho@gmail.com o cmartine@inppares.org.pe

lunes, 10 de marzo de 2008

SEXUALIDAD MASCULINA, EL DESEO ESCINDIDO


Por Ivonne Szasz

Profesora de El Colegio de México
Hasta antes de los años ochenta, en los que se inició el desarrollo de los estudios de género, el pensamiento feminista definía la sexualidad masculina como agresiva, codificadora de las mujeres, dominadora y opresiva, considerando a las mujeres como víctimas y objetos de esta sexualidad masculina. Destacaba la presencia de un doble estándar de moral sexual, que estimula en los varones la actividad, la diversidad de parejas y de experiencias y la expresión pública de su iniciativa sexual, mientras exige a las mujeres la conducta contraria.1
El desarrollo de los estudios de género, y en particular de los estudios de masculinidad, ha permitido pensar que existe una permanente tensión y confusión en los varones entre sus deseos sexuales y los operativos de dominación, que generan fantasías y formas de conducta opresivas para las mujeres.1
Aunque las definiciones de masculinidad cambian constantemente de una cultura a otra, en el tiempo y según clases, razas, etnias, preferencias sexuales y etapas en la trayectoria de vida, los hombres de diversas culturas tienen en común la necesidad de demostrar permanentemente su virilidad.2 De esta manera, lo que una cultura define como el comportamiento sexual apropiado para los varones requiere ser usado para demostrar su virilidad, independientemente de sus deseos y preferencias, en una permanente tensión entre el deseo de placer y el de poder.

Imagen, conquista y rendimiento sexual
Seidler se refiere a tensiones entre los deseos de los varones y la construcción occidental de la masculinidad, que se expresan en su sexualidad. Junto con la noción de la sexualidad, como una "necesidad irresistible", que es expresión de la "naturaleza animal" de los humanos, la modernidad occidental protestante proclama el dualismo cartesiano entre mente y cuerpo e identifica la masculinidad con la racionalidad, situando al cuerpo como una entidad separada, que necesita ser controlada por la mente, entrenada y disciplinada.3
Al mismo tiempo, los varones insertos en esta masculinidad dominante crecen con la idea de la sexualidad en términos de conquista y rendimiento, como una manera de probar su masculinidad frente a los pares, y no en relación con sus deseos y emociones. De esta manera, los varones se sienten acosados por el temor a la intimidad y el temor al rechazo y tienden a separar la sexualidad del contacto y las emociones.3
El aprendizaje del autocontrol racional de sus emociones y sentimientos, aparece como necesario para alcanzar la autonomía e independencia que requiere el ser masculino. Puesto que la razón se sitúa en oposición a la naturaleza, y la sexualidad se piensa como parte de esa naturaleza, la superioridad masculina se construye controlando la propia sexualidad. En esta construcción de la masculinidad, las mujeres son identificadas con lo irracional --las emociones, la sexualidad, la naturaleza-- pero al mismo tiempo se niega la autonomía de sus propios deseos sexuales. Son objeto del deseo masculino, provocadoras de su descontrol, responsables de la excitación masculina.3
Para demostrarse a sí mismos y a sus iguales que son hombres, los varones usan el lenguaje para defender su imagen y no para expresar sus necesidades emocionales, de esta manera, les resulta difícil conciliar la manera de comportarse con otros varones y la forma de relacionarse íntimamente con una mujer. Sienten que hablar de sexo es la manera más segura de matar sus sentimientos, están poco dispuestos a hablar de sus necesidades y vulnerabilidades. La ruptura entre sexo e intimidad, y la relación externa y posesiva de la mente con el propio cuerpo, convierte al sexo en un asunto de rendimiento. La inestabilidad de la identidad masculina, la necesidad permanente de demostrar y afirmar que se es hombre, genera una presión interna hacia las relaciones sexuales --independientemente de un reconocimiento íntimo de deseos-- y transforma el rendimiento sexual en una meta, un medio para demostrar y afirmar masculinidades.3

Deseo y poder
Horowitz y Kaufman proponen que la sexualidad masculina debe ser interpretada en el contexto de una sociedad clasista que reprime la polisexualidad y sobrepone la masculinidad y la feminidad al dualismo actividad/pasividad. Refiriéndose a las sociedades capitalistas, proponen que independientemente de las diferencias culturales, de clase, étnicas y generacionales, la mayoría de los hombres, en estas sociedades, tienen sentimientos confusos respecto de su sexualidad, sintiéndose atrapados entre sus deseos sexuales y las necesidades de afirmación de la masculinidad, que encierran fantasías y formas de conducta agresivas y posesivas.1
Apoyándose en el constructivismo social y el psicoanálisis, estos autores señalan a la sexualidad como un sistema socialmente construido de conflicto y tensión interna. Una de las principales tensiones presentes en la sexualidad masculina es la imposibilidad de abrigar simultáneamente deseos activos y pasivos sin que esto genere conflicto y temor. Los autores sitúan esos temores en sociedades que atribuyen un valor simbólico de actividad y poder a los genitales masculinos.
Independientemente de las relaciones entre las personas, es el conjunto de instituciones, de normas sobre la familia y el parentesco, es toda una cultura lo que enseña que ser hombre equivale a ser activo, agresivo, extrovertido, ambicioso, independiente. Oposiciones binarias tales como sujeto/objeto, actividad/pasividad, y nociones de causa y efecto se sitúan en la estructura básica de las lenguas indoeuropeas de las sociedades modernas. En ellas, la construcción social de la sexualidad reprime y suprime una amplia gama de placeres sexuales en la medida que se interiorizan las divisiones básicas de esa sociedad: masculino versus femenino, activo versus pasivo, sujeto versus objeto, normal versus anormal, clases dominantes versus clases dominadas, humano versus naturaleza.1,4
Una de esas superposiciones consiste en el proceso de codificación sexual, o reducción de las mujeres a sus cuerpos como objetos del deseo sexual masculino, así como la concentración de lo sexual en ciertas partes del cuerpo y la reducción del cuerpo de las mujeres a una de dos "funciones" posibles: reproductiva o erótica.1
Mediante este proceso, la polisexualidad se reduce a la heterosexualidad como norma y a la sexualidad genital. La masculinidad-agresión y la feminidad-pasividad se sobreponen a la división natural de los sexos. Para ser hombre se requiere dominar a la naturaleza (la sexualidad), a las mujeres y a la pasividad. Junto con la represión de la polisexualidad y la tendencia inconsciente a que el cuerpo y partes del cuerpo representen a la persona objeto del deseo, fragmentando a esa persona en partes y procesos componentes, se agrega la definición social de las mujeres en relación con ciertos atributos físicos, que son objeto de deseo sexual.1

Afirmación masculina, búsqueda incesante
Otra supresión consiste en la represión de la pasividad en los hombres, que conlleva la represión de la ternura y la receptividad masculina, así como la represión de la actividad sexual en las mujeres. "La estructura de la masculinidad es inseparable de una feminidad proyectada, adorada, despreciada y temida que existe como su opuesto.1 " La masculinidad, como objeto escurridizo e inalcanzable, se confirma teniendo como reflejo opuesto a una feminidad dominada. Y la confirmación de la masculinidad, en una sociedad basada en el género, confirma la hombría.1
El comportamiento sexual activo frente a mujeres sexualmente pasivas, así como una atracción intensa y permanente hacia las mujeres, confirman esa hombría. El varón requiere apropiarse del cuerpo de la mujer y también de su deseo y actividad. La búsqueda sexual no es solamente una búsqueda de placer, sino un intento de colmar ansiedades, de aumentar la autoestima, de confirmar la masculinidad.1

Referencias
1. Horowitz, G. y Kaufman, M. 1989. "Sexualidad masculina: hacia una teoría de liberación". En: Kaufman, M. Hombres: placer, poder y cambio. CIDAF. Rep. Dominicana.
2. Kimmel, M. 1992. La producción teórica sobre la masculinidad: nuevos aportes. ISIS Internacional. Santiago de Chile. Ediciones de las mujeres. Núm. 17.
3. Seidler, V. 1995. Los hombres heterosexuales y su vida emocional. México. Debate feminista. Año 6, Vol. 11 (abril).
4. Lamas, M. 1994. "Sexualidad y género: la voluntad de saber feminista". Ponencia presentada en el taller "La sexualidad en las ciencias". El Colegio de México.
Fuente: Letra S, 5 de diciembre de 1996
http://www.europrofem.org/contri/2_05_es/es-sex/24es_sex.htm

jueves, 7 de febrero de 2008

Sobre hombres, masculinidades y superhéroes

“Los dos contenedores se quitan la camisa.
Colorete, orgulloso, exhibe su pecho moreno y musculoso; Cara de Ángel, pálido y delgado, se avergüenza”
Oswaldo Reynoso – “Los inocentes”



Este ensayo trata de llevar a la reflexión sobre los procesos de construcción de la identidad de género masculina en nuestra cultura. Las diferentes exigencias que la sociedad plantea a los hombres para que puedan ser considerados como “verdaderos hombres”.

Freud en 1930 (Burin & Meler, 2000), consideraba que la cultura es una creación predominantemente masculina; y que la mayor parte de las mujeres de su tiempo no habían alcanzado un desarrollo subjetivo como para contribuir a la producción cultural. Para nadie es un secreto que nacemos en una cultura específica y pre-establecida, y que la continuidad de todas la culturas dependen de la presencia viva de por lo menos tres generaciones (Mead, 1970).
Nos encontramos en una sociedad patriarcal; es decir, en un patriarcado, donde los padres- hombres son los que dominan sobre la mujer, siendo este un sistema de organización social en el que los lugares claves del poder (político, económico, religioso y militar) se encuentran exclusiva o mayoritariamente, en mano de los hombres. Ateniéndose a esta caracterización, Puleo (2006); ha concluido que todas las sociedades humanas conocidas, del pasado y del presente, son patriarcales. Se trata de una organización histórica de gran antigüedad que llega hasta nuestros días y que sobre la base de este patriarcado es que se empiezan a construir las diversas relaciones de género. Sin embargo, Badinter (1993) agrega que es importante señalar –diferenciando a la ideología patriarcal- que los primeros referentes de la humanidad no son los hombres, sino las mujeres, ya que los hombres se definen con respecto y por oposición a ellas. Es por ello que se puede agregar que el patriarcado no siempre consigue que los hombres sean muy diferentes de las mujeres o viceversa (Marqués, 1997).
La sociedad patriarcal construye a varones y mujeres a partir de la identificación de su sexo. No logra la reducción de las personas a dos únicos modelos: varón y mujer, pero las trata como si lo hubiese conseguido y evita que unos y otras sean conscientes de sus similitudes (Marqués, 1997)
Las dinámicas de poder se han venido estableciendo de tal modo que dan una clara sensación de naturalidad en el funcionamiento de las cosas; pues se crece en una sociedad donde se va aprendiendo que es más importante ser hombre que ser mujer, o que es un mayor privilegio el haber nacido hombre que mujer, pues al nacer hombres en una sociedad patriarcal se está naciendo bajo una cultura que otorga diferencias de superioridad y poder ante el otro sexo, al cual lo presentan como inferior o más débil. Bajo este sello, se va construyendo el concepto de “hombre”, donde no solamente involucra al sexo del varón, al sexo macho o masculino (cualquiera de sus variantes es parte de una construcción socio-cultural), sino que “hombre” involucra también al concepto de humanidad, de “el ser humano”, y con ello las derivaciones de “el individuo”, “lo normal” (Badinter, 1993). Y el concepto de mujer, se va construyendo como lo opuesto al de hombre, es decir, “la acompañante” desde un concepto mítico-religioso y judeo-cristiano; en contraposición al hombre como “la no normal”, “la otra” (Badinter, 1993). Las construcciones sociales y dinámicas de poder obligan a los hombres y las mujeres a mantenerse como opuestos y diferentes.
Estas diferencias de género empiezan con las diferencias corporales, y por ende del sexo con el cual se nace. Sobre la base de una diferencia corporal se genera diferencia de actitudes y acciones, y diferencia de identidades. Se le comienza a atribuir lo relativo al género. El hombre es lo masculino (lo no femenino) y la mujer es lo femenino (lo no masculino). Tal como señala Badinter (1993), el “ser hombre” implica un trabajo, un esfuerzo, cosa que no suceda con la mujer, pues actuamos sin tener plena conciencia de ello como su la feminidad fuera algo natural e ineluctable y la masculinidad debiera adquirirse
Se puede ir viendo que el hombre es el que tiene el poder, en lo socialmente referido (político, económico, religioso y militar) y la mujer es la que no tiene el poder. Un hombre comienza a ser una construcción patriarcal que existe obligatoriamente para mantener el dominio masculino en la sociedad. Sus masculinidades son obligatorias.
Las identidades de género existen para definirnos en relación con los demás. Nos centraremos en la diferencia hombre y mujer como opuestos, dejamos de lado por un momento las demás construcciones de género. La diferencia entre un hombre y una mujer debe basarse en sus identidades. Ser masculino es lo que un hombre debe ser para establecer su posición en la sociedad y diferenciarse de los no-masculinos (mujeres y hombres no masculinos). La masculinidad no existe sin la feminidad, son opuestos. (Olavarría & Valdés, 1998)
Las masculinidades se construyen según las relaciones entre hombres y con las mujeres: Las relaciones con las mujeres son de compañía, oposición y dominio. Las relaciones con hombres son de complicidad, reconocimiento y competencia.
Existen diferentes masculinidades. Cada sociedad contribuye a la construcción de masculinidades particulares (Badinter, 1993; Olavarría & Valdés, 1998; Fuller, 2001). Las masculinidades son más que una cuestión de género, son (como el hombre) una construcción cultural. Dependen de varios factores como: la raza, el grupo étnico, la clase social, la religión, las instituciones presentes y demás categorías en una sociedad. Las masculinidades van cambiando
La construcción de masculinidades empieza con la propia identificación de las características naturales y similitud con el resto de los hombres. La tenencia del cuerpo masculino define la obligatoria homogeneidad con uno de los sexos y como consecuencia con la obligatoria identidad de género masculino. Un hombre se compara con sus referencias sociales: los hombres a su alrededor. Ellos no sólo serán un ejemplo, pero la regla de cómo un hombre debe verse, comportarse y como debe demostrar sus masculinidades. La imagen del padre (o de la figura masculina más cercana) constituirá el prototipo de hombre que los niños deben llegar a ser. (Olavarría & Valdés, 1998)
Los niños primero identificarán sus cuerpos con los cuerpos masculinos y así su pertenencia al mundo masculino, y su necesidad de convertirse y adoptar las actitudes de estos otros cuerpos masculinos. Entonces, es necesario ver cómo es el cuerpo masculino, y vemos que su principal característica es la fuerza física y los músculos. Más fuerte que las mujeres, los niños y las niñas. El hombre se percibe como físicamente más poderoso que los anteriores. Fuller (2001) menciona dos elementos básicos del cuerpo: apariencia y materia. La materia del cuerpo masculino formada por los órganos sexuales (representados por el pene) y la fuerza. Un hombre por tener un cuerpo masculino (definido por el pene) debe ser “naturalmente” fuerte y además tener la posibilidad de controlar más situaciones por medio de esta fuerza. Un hombre debido a sus características físicas se vuelve culturalmente (y cree que es) más “poderoso” y superior, que puede controlar cosas. De ahí la creencia necesaria de que el hombre no se enferma. Esto genera que sus masculinidades estén basadas en actitudes de dominio y autoritarismo. Convertirse en un ser masculino se entiende como una característica obligatoria y natural para los hombres. La construcción de masculinidades específicas es un requisito para ser aceptado en el grupo superior masculino y convertirse en un “verdadero hombre”.
Según la Sociedad Limeña, convertirse en un “verdadero hombre” es un proceso a lo largo y durante la vida de un hombre. Hay que alcanzar ciertos niveles de masculinidad para ser considerado un “verdadero hombre” y ser aceptado por la sociedad. Del Castillo (2001), no se equivoca al señalar que en todo salón de clases hay un “lorna” y un “maricón”. Dos características principales están relacionadas con la “fuerza natural” de los hombres: la virilidad y la hombría. Virilidad está relacionada con los órganos sexuales, el “performance” sexual y la capacidad para atraer mujeres. Por lo tanto, con el cuerpo musculoso y los rasgos atléticos. Vinculada al deporte, y a las habilidades físicas. Además del interés “natural” por las mujeres. Hombría se vincula con la vitalidad (capacidad para trabajar), el respeto por parte de los demás, la fuerza y el coraje (valentía). La virilidad y la hombría constituyen características “naturales” de los hombres que los hacen también “invencibles” e “intocables”. A parte de las características naturales de un hombre hay requerimientos culturales. Ser un “verdadero hombre” significa ser reconocido socialmente como tal, ganarse el respeto y aceptación de los pares y la sociedad en general. Los niños dejan de ser niños o adolescentes y se convierten en “hombres” cuando ganan este respeto y además se hacen responsables de sí mismos y de alguien más. Convertirse en verdadero hombre significa alcanzar el nivel de éxito personal, que significa: casarse, tener hijos y convertirse en proveedor (de alguien, de la familia).
Siguiendo el arquetipo del “verdadero hombre” y los conceptos de superioridad y dinámicas de poder patriarcales, los hombres (como seres masculinos) deben “supuestamente” proteger a los inferiores seres no masculinos. Llegándose a entender que “la mujer necesita ser protegida por el hombre”, siendo un ejemplo cotidiano: no se le pega a las niñas, las mujeres no pueden cargar cosas pesadas, las mujeres no pueden caminar solas por la calle en la noche. Convertirse en el “protector” refuerza la idea de ser parte del grupo privilegiado masculino. Un “verdadero hombre” debe tener “dependientes”, debe ser capaz de “proteger” a alguien de alguna manera, por ejemplo: hijos, esposa, enamorada, madre, empleados, personas con menos capacidad económica, etc. atribuyéndose como rol protector máximo el “ser padre”. Si todavía no se es padre, se debe alcanzar el éxito personal y convertirse en “verdadero hombre” (por las masculinidades aprendidas)…llegar a proteger a alguien.
La sociedad exige demostrar los niveles de masculinidad. Los pares exigen demostrar el nivel (propio) de masculinidad. Las relaciones entre hombres mantienen la existencia de las masculinidades exigiéndose unos a otros. Las mujeres (también como productos culturales) exigen la presencia y perpetuación de las masculinidades (Fuller, 2001). La sociedad patriarcal le otorga a los hombres privilegio y poder, y los coloca en una posición superior, sin embargo, estas ventajas fabricadas vienen con opresión, presión social y hasta sufrimiento. El que convertirse en “verdaderos hombres”, y cumplir con todo lo que dice la sociedad y ser aceptados, ser exitosos. Las masculinidades son impuestas a los hombres. Son castigados si no las alcanzan. Los hombres como “protectores” y superiores manejan las instituciones de la sociedad (iglesia, el estado, los negocios, la educación, la ciencia y los hogares). La sociedad les exige mantener el “status quo” y sus posiciones como líderes, mantener su dominio patriarcal. Ellos deben “generar” masculinidades y pasar el conocimiento, ser ejemplo de otros hombres, como lo señala también Mead (1970), porque “así son las cosas”.
Todo se convierte en círculo vicioso creado y mantenido por la misma cultura a través de las masculinidades como procesos obligatorios. Sin embargo, como señala Mariella Cruzado (2007) no deja de exigir la necesidad de “un verdadero hombre”, el cual debe ser: fuerte, poderoso, dominante, heterosexual (le atraen las mujeres), viril, valiente, socialmente reconocido por sus pares y la sociedad, proveedor, estar casado, tener hijos o hijas, ser el protector de quienes lo necesitan (los menos poderosos, los no masculinos, los no privilegiados), exitoso y respetado. Es decir, ¿un superhéroe? Qué difícil es ser hombre en una sociedad como la nuestra, donde los hombres mismos exigen características que los mismos hombres no pueden cumplir.
Es importante poder reflexionar sobre las diferentes propuestas de las masculinidades viendo al hombre no solamente como un sujeto político, sino también como lo esperado que se cumpla en nuestra sociedad.
La reflexión queda puesta, y el debate de igual forma.

Bibliografía

Badinter, E. (1993) XY, la identidad masculina. Santa Fe de Bogotá: Grupo Editorial Norma
Cruzado, M. (2007) Abou t Men, Superhe roes and Such: The Construction of Masculinities in the Upper-middle Class in Lima. Tesis de Maestría: University for Peace, Department for Gender and Peace Studies. Costa Rica
Del Castillo, D. (2001) Los fantasmas de la masculinidad. En Estudios culturales, discursos, poderes y pulsiones. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú
Fuller, N. (2001) Masculinidades cambios y permanencias. Lima: Fondo Editorial PUCP
Marqués, J. (1997) Varón y patriarcado. En Masculinidad/es poder y crisis. Ediciones de las mujeres Nº 24. Santiago: Isis internacional
Mead, M. (1970) Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional. Buenos Aires: Granica, 1971
Meler, I. (2000) Creación cultural y masculinidad. En Varones: género y subjetividad masculina. Buenos Aires: Paidós
Olavarría, J. & Teresa Valdés (1998) Ser hombre en Santiago de Chile: A pesar de todo, un mismo modelo. En Masculinidades y equidad de género en América Latina. Santiago: FLACSO
Puleo, A. (2006) El patriarcado: ¿una organización social superada? En El periódico feminista. http://www.mujeresenred.net/

Imagen: http://crisismasculina.chez-alice.fr/images/intere3.gif

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Desmitificación del héroe


Como lo señalan Campbell en "El héroe de las mil caras" y Riso en "Intimidades masculinas", la aventura del hombre como héroe aparece una y varias veces en leyendas, mitos, tradiciones y rituales de todos los pueblos y comunidades del mundo: mitos polinésicos y griegos, leyendas africanas, cuentos de hadas celtas, ritos andinos y en la mayoría de los simbolismos religiosos. Siempre, de una u otra manera, el peso de la figura heroica está presente en la cultura y en las enseñanzas que toda cultura trae. Aunque muchos padres hagan lo posible por no seguir la tradición, la aspiración a ser un héroe (o superhéroe) se cuela, evidente o no, en las formas más modernas de entretenimiento infantil y adulto. Las legiones de superhéroes, escritas o de serie de video, invaden el mercado creando valores que recuerdan las situaciones épicas más famosas, obviamente más modernas y de forma doméstica. Cuando un niño juega y fantasea con una espada o una capa, cuando tiene en sus manos algún muñeco o imita a algún personaje de caricatura o televisión, está trayendo de la fantasía a su mundo real a un héroe o superhéroe: el camino y la fórmula para ir a enfrentarse con fuerzas fabulosas y regresar triunfante. No importa si se trata de dragones, monstruos, gnomos, duendes malvados, o alguna guerra histórica. Desde Aquiles, Odiseo (Ulises), Eneas, Hércules, Simbad, El Rey Arturo, Robin Hood, Dartagnan, el Llanero Solitario, Spiderman, Superman, Robotec, Gokú, o Terminator, la morfología de las grandes gestas contiene riesgo, espíritu de aventura, autodeterminación, valentía sin límites, habilidades deslumbrantes y, claro, desprendimiento de la propia vida; además, los héroes no conocen el fracaso y casi siempre son hombres.
Riso (2006), señala que no es fácil para un niño renunciar a ser "adalid", si la esperanza de la familia y la humanidad, tal como muestra la antropología del mito, añora y repite sistemáticamente la misma historia secular de proezas. Quizas, la propia estructura incosciente masculina es la que posea implícita la sentencia de buscar satisfacer los sueños de grandeza de una sociedad perturbada, que pretende redimirse a sí misma. Parecería que los héroes hacen falta.
Para muchos hombres, el antihéroe es el preferido. Las ventajas saltan inmediatamente: El antihéroe no debe iniciar ninguna partida (no hay gestas en tierras lejanas), no hay pruebas que pasar (no se necesitan victorias o iniciaciones), y no hay retorno triunfante (no hay nada conquistado). El antihéroe rompe el mito y destroza la propia y asfixiante demanda fantástica de la tradición patriarcal. El antihéroe no quiere doncellas, ni corceles, ni rescatar a nadie; tampoco añora el peligro para ponerse a prueba, ya que no hay nada que probar; se niega a la demencia brutal del típico combatiente, y no ve a la mujer como una tentación que debe evitar para llevar a feliz término su gesta ególatra. El antihéroe no quiere ser santo, redentor, emperador, ni dueño de ningún reino. El antihéroe quiere abrazar en silencio, dormir en calma, amar intensamente y ¿por qué no?, ser rescatado por alguna heroína valiente y osada, de esas que no aparecen en los cuentos ni leyendas.

Basado en "Initimidades masculinas" de Walter Riso

Datos personales

Mi foto
Psicólogo clínico. Orientador en salud sexual y reproductiva. Especializado en temas de sexualidad humana. Expositor, conferencista y facilitador de talleres en temas afines. Miembro de la Red Peruana de Masculinidades. Psicoterapeuta de adolescentes, jóvenes, adultos y parejas.